Mito #1 : Las victimas provocan el asalto sexual cuando se visten de una manera provocativa o se comportan de una manera promiscua.
Hecho: La violación y el asalto sexual son crímenes de violencia y control que vienen del deseo de tener a uno en su poder. Ni la ropa provocativa ni el comportamiento promiscuo presentan una invitación a las relaciones sexuales no deseadas. Forzando a uno a participar en unas relaciones sexuales no deseadas es un asalto sexual sin importar la manera en que la persona se vista o se comporte.
Mito #2: Si una persona va a la habitación o a la casa de otra persona, o si va al bar, ella asume el riesgo de ser asaltada sexualmente. Si algo ocurre luego, ella no puede decir que fue violada o asaltada sexualmente porque no debería de haber ido a esos lugares.
Hecho: Esta actitud incorrectamente hace las acciones del ofensor la responsabilidad de la victima. Aunque una persona haya ido a la habitación o a la casa de otra persona y haya consentido a tener relaciones sexuales, eso no significa que consintió a todo tipo de actividad sexual. Si una persona no está segura si otra persona quiere hacer algo sexualmente, debe de parar y preguntar. Cuando alguien dice “No” o “Pare,” eso significa PARAR. Forzar a uno a tener relaciones sexuales sin consentimiento es asalto sexual.
Mito #3: No es asalto sexual si ocurre bajo la influencia del alcohol o las drogas.
Hecho: Estar bajo la influencia del alcohol o las drogas no es una invitación a tener relaciones sexuales no deseadas. Una persona bajo la influencia de las drogas o el alcohol no hace que el ofensor la asalte; otras personas se aprovechan de la situación y la asaltan porque está en una condición vulnerable. Muchas leyes estatales dicen que una persona que está en un estado alterado debido a la influencia de las drogas o el alcohol no puede consentir a las relaciones sexuales. Un ofensor quien usa el alcohol deliberadamente para dominar a una persona y así tener relaciones sexuales con ella sin su consentimiento también comete un acto criminal.
Mito #4: La mayoría de los asaltos sexuales y las violaciones son cometidos por personas desconocidas. No es una violación si las personas se conocen.
Hecho: La mayoría de los asaltos sexuales y las violaciones son cometidos por alguien a quien la victima conoce. Entre victimas que tienen de 18 a 29 años, 2/3 habían tenido relaciones con el ofensor.1 Durante el año 2000, aproximadamente 6 de cada 10 victimas de asalto sexual dijeron que el ofensor fue una persona de confianza, otro pariente, un amigo o alguien a quién conocían.2 Un estudio sobre la persecución sexual de las mujeres universitarias demostró que la mayoría de las victimas conocían a la persona quien las atacó sexualmente. Para las violaciones y los atentados de violación, aproximadamente 9 de cada 10 ofensores fueron conocidos por la victima.3 Muchas veces un novio, ex-novio, colega, amigo, o conocido fue el que atacó a la mujer. 4
Se puede cometer asalto sexual dentro de cualquier relación, incluso en el matrimonio, en relaciones íntimas fuera del matrimonio, y por amigos, conocidos y colegas.
El asalto sexual puede ocurrir en relaciones heterosexuales u homosexuales. No importa si la relación entre el ofensor y la victima existe actualmente o está en el pasado; la actividad sexual no deseada es un asalto sexual y es un crimen serio.
Mito #5: Las mujeres pueden evitar la violación si no andan por los callejones oscuros y otros lugares “peligrosos” donde los desconocidos pueden esconderse.
Hecho: La violación y el asalto sexual pueden ocurrir en cualquier momento, en cualquier lugar, a cualquier persona. Según un reporte basado en datos del FBI, casi 70% de los asaltos sexuales reportados a la policía ocurrieron en la casa de la victima, el ofensor u otro individuo.5 Como se notó en el Hecho #4, muchas de las violaciones son cometidas por una persona la cual la victima conoce. Aunque sea buena idea no andar por los callejones oscuros o los lugares “peligrosos,” eso no es protección garantizada en contra del asalto sexual.
Mito #6: Una persona que ha sido asaltada sexualmente de verdad estará histérica.
Hecho: Las victimas de la violencia sexual muestran variadas y diferentes respuestas al asalto, las cuales pueden incluir: tranquilidad, histeria, retirada, enojo, indiferencia, negación, o shock.
El ser asaltado sexualmente es una experiencia muy traumática. Las reacciones al asalto y el tiempo necesario para procesar la experiencia son diferentes para cada persona. No hay una manera “correcta” de responder al ser asaltado sexualmente.
El suponerse cómo la victima “debe de comportarse” puede ser perjudicial a la victima porque cada persona se enfrenta al trauma del asalto de una manera diferente, que también puede cambiar con el paso del tiempo.
Mito #7: Todas las victimas de asalto sexual denuncian el crimen inmediatamente a la policía. Si no lo denuncian o si esperan a denunciarlo, es porque han cambiado de opinión después del crimen, querían venganza, o no querían parecer que tenían relaciones sexuales.
Hecho: Hay muchas razones por las cuales una victima de asalto sexual no denuncia el asalto a la policía. No es fácil hablar de ser asaltado sexualmente. La experiencia de contar lo que pasó puede causarle a la persona que reviva el trauma. Otras razones por las cuales la victima no reportaría el asalto inmediatamente o que no lo reportaría de ninguna manera incluyen el miedo de represalias por el ofensor, miedo de no ser creído, miedo de ser culpado del asalto, miedo de ser perseguido otra vez si el caso va por el sistema de justicia criminal, la creencia que no echarán la culpa al ofensor, el deseo de olvidarse de todo sobre el asalto, no reconocer que lo que pasó fue asalto sexual, vergüenza y/o shock. La verdad es que reportar un asalto sexual a la policía no es lo normal. De 1993 a 1999, aproximadamente 70% de los crímenes del asalto sexual y la violación no fueron reportados a la policía.6 Si una persona no reporta un asalto inmediatamente o si simplemente no lo reporta no quiere decir que el asalto no ocurrió.
Las victimas pueden reportar un asalto sexual a las autoridades de justicia criminal en cualquier momento, si es inmediatamente después del asalto o dentro de unas semanas, unos meses o hasta unos años después del asalto. Las autoridades de justicia criminal pueden seguir un caso criminal mientras el incidente sea reportado dentro de la prescripción legal de la jurisdicción. Cada estado tiene su propia prescripción legal que aplica a los crímenes de la violación y el asalto sexual. La prescripción legal determina el periodo de tiempo en que las autoridades pueden acusar a un individuo de cometer un crimen en un incidente particular. Si tiene preguntas sobre la prescripción legal de su estado, puede llamar a su departamento de policía local, a la oficina del fiscal local, al programa local de servicios para victimas de asalto sexual, o a la coalición estatal para el asalto sexual.
Mito #8: Sólo las mujeres jóvenes y bonitas son asaltadas.
Hecho: La creencia que sólo las mujeres jóvenes y bonitas son asaltadas sexualmente viene del mito que el asalto sexual está basado en el sexo y en la atracción física. El asalto sexual es un crimen de poder y control y los ofensores frecuentemente escogen como victimas a las personas que ellos ven como vulnerables a un asalto o a las personas que ellos piensan que pueden tener debajo de su poder. Las victimas del asalto sexual son de todos los niveles de la sociedad. Ellas son mujeres mayores y también mujeres muy jóvenes. Muchas victimas de la violencia sexual son menores de 12 años. El 67% de todas las victimas de asaltos sexuales reportados a las autoridades fueron jóvenes (menores de 18 años); el 34% de todas las victimas tenían menos de 12 años. Una de cada 7 victimas del asalto sexual reportado a las autoridades tenía menos de 6 años.7 Los hombres y los jóvenes varones también son victimas del asalto sexual. Las personas con discapacidades también son victimas del asalto sexual. Crear suposiciones sobre la victima “típica” del asalto sexual puede aislar aún más a las victimas porque ellas pueden pensar que la gente no les va a creer si no tienen las mismas características que la victima estereotípica del asalto sexual.
Mito #9: Sólo es una violación si la victima lucha y resiste al ofensor.
Hecho: Muchos estados no requieren que la victima luche para acusar al ofensor de la violación o el asalto sexual. Además, hay muchas razones por las cuales una victima del asalto sexual no luche o trate de resistir a su asaltante. Ella puede pensar que si lucha o resiste, ella enojará a su asaltante, resultando en heridas más dañinas. También, puede que ella no luche como una manera de enfrentarse al trauma de ser asaltada sexualmente. Muchos expertos dicen que las victimas deben de tener confianza en sus propios instintos, y hacer lo que piensen que las mantendrá vivas. No luchar o no resistir en contra de un asaltante no quiere decir que la victima consiente al ataque. Simplemente, puede significar que fue la mejor manera que la victima encontró para protegerse de heridas más dañinas.
Mito #10: Sólo es un asalto sexual si el asaltante tenía un arma.
Hecho: En muchos casos de asalto sexual, no hay un arma. A menudo, el ofensor usa su fuerza física, violencia física, intimidación, amenazas o una combinación de estas tácticas para dominar a la victima. Como se notó en el Hecho #4, en la mayoría de los asaltos sexuales la victima conoce a su asaltante. Un ofensor frecuentemente utiliza la confianza desarrollada en su relación con la victima para crear una oportunidad de cometer el asalto sexual. Además, puede que el ofensor sepa información íntima sobre la vida de la victima, como su dirección de casa, el lugar en dónde trabaja, su escuela o universidad, o información sobre su familia y sus amigos. Esto aumenta la credibilidad de las amenazas del ofensor porque tiene información suficiente sobre su vida para poder llevar a cabo sus amenazas. Aunque la presencia de un arma puede subir la pena o el cargo criminal, la ausencia de un arma no significa que al ofensor no se le pueda acusar de un asalto sexual.
Mito #11: En la mayoría de los casos, la violación es un crimen interracial.
Hecho: La mayoría de los crímenes violentos, incluso el asalto sexual y la violación, son intra-raciales, que significa que la victima y el ofensor son de la misma raza.8 Sin embargo, eso no es cierto para las violaciones y los asaltos sexuales cometidos en contra de las mujeres indígenas de los Estados Unidos. Las indígenas de los Estados Unidos reportaron que aproximadamente 8 de cada 10 violaciones o asaltos sexuales fueron cometidos por blancos. Las mujeres indígenas de los EE.UU. también tienen una tasa más alta de asaltos sexuales de cualquier otra raza.10
Si usted o alguien a quien usted conoce ha sido victima del asalto sexual y desea información sobre dónde puede encontrar ayuda en su área, por favor llame a su coalición estatal para el asalto sexual o su programa local de servicios para el asalto sexual para la información sobre los servicios disponibles.
1. Greenfeld, Lawrence A., Sex Offenses and Offenders: An Analysis of Data on Rape and Sexual Assault, Washington, DC: U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics (1997).
2. Bureau of Justice Statistics, Crime Characteristics: Violent Crime - Victim/Offender Relationship (last revised Dec. 20, 2001) <http://www.ojp.usdoj.gov/bjs/cvict_c.htm> .
3. Fisher, Bonnie S., Francis T. Cullen and Michael G. Turner, The Sexual Victimization of College Women Washington, DC: U.S. Department of Justice, National Institute of Justice and Bureau of Justice Statistics, NCJ 182369 (December 2000).
4. Id.
5. Snyder, Howard N., Sexual Assault of Young Children as Reported to Law Enforcement: Victim, Incident, and Offender Characteristics, Washington, DC: American Statistical Association and U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics, NCJ 182990 (July 2000).
6. Rennison, Callie M., National Crime Victimization Survey, Criminal Victimization 2000: Changes 1999-2000 with Trends 1993-2000, Washington, DC: U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics, NCJ 187007 (June 2001).
7. Id.
8. Rennison, Callie M., Violent Victimization and Race, 1993-98, Washington, DC: U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics, NCJ 176354 (March 2001).
9. Greenfeld, Lawrence A. and Steven K. Smith, American Indians and Crime, Washington, DC: U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics, NCJ 173386 (February 1999).
10. Id.